La Familia de Muñecas
Cada vez más mis fuerzas me abandonan, ya siento que el aire no llega del todo bien a mis pulmones, respiro con dificultad pero quiero seguir corriendo, quiero estar a salvo de lo que sea que me está persiguiendo. En aquel instante, mis piernas ya no responden más, me hago a un lado de la acera y me dejo caer; inhalo y exhalo para retomar el aliento, mi mente toma el control de mí y empiezo a recordar que 4 días atrás tuve un ataque de pánico, fue tan horripilante que creí que moriría, aunque es inverosímil que alguien muriese por un ataque de pánico, sin embargo puedo aseverar que se siente como el infierno en la tierra.
Cuando mi mente me trajo al aquí y al ahora nuevamente, fui consciente de donde estaba y como me sentía físicamente. Traté de levantarme y cuando logré ponerme de pie, veo una sombra oscura, no se veía el rostro, tan solo algo de su boca, sonreía e inmediatamente intentó ahorcarme, con las pocas energía que tenía, esquivé el movimiento y corrí todo lo que pude, hasta ingresar a una casa, la cual tenía la puerta sin cerrojo y así pude ingresar. Delante de mí, había una especie de aparador pequeño; lo jalé y lo moví hasta la puerta con el fin de obstruir el ingreso a quien sea quien fuese me estuviera persiguiendo.
Esperé por unos minutos si aquella presencia intentase abrir la puerta, pero lo más extraño es que no hubo ruido en lo absoluto. Me senté sobre un viejo sofá para recuperar algo de mis fuerzas perdidas, al observar detenidamente, noto que es una casa bastante antigua, con muchas reliquias y adornos del siglo pasado, las paredes estaban decoradas con madera empotrada y sobre ellas, muchos cuadros y fotografías muy antiguas. Los candelabros oxidados al igual que las lámparas. En la esquina de la sala se hallaba un viejo piano de pared, empolvado y muy descuidado. Al costado del sofá donde me encontraba sentado, había una escalera de madera que conducía evidentemente a un segundo piso, decidí subir a la siguiente planta y así encontrar una salida, mientras subía las escaleras, los escalones rechinaban por su antigüedad, era un crujido de madera vieja como si en cualquier momento toda la escalera se desplomaba en instantes.
Estando en el segundo piso, había una lámpara de mesa, que a duras penas irradiaba algo de luz a toda la habitación; por ningún lado veía alguna salida, todas las ventanas estaban cerradas y tapadas con tablas de madera y lo extraño de esta habitación es que habían muchos estantes con muñecas de trapo, porcelana y madera. Estas muñecas estaban sucias pero si eso no fuese poco, eran muñecas sin rostro. Traté de iluminar la otra parte de la habitación con mi encendedor pero lo único que alcanzaba a ver, eran más muñecas y más muñecas, igual de extrañas.
Tan solo por curiosidad toque una de esas muñecas y en ese momento, escuché muchas voces, gritos, risas y llantos, todos estos sonidos parecían provenir de niños, adultos y ancianos. Dejé de tocar a la muñeca pero las voces seguían y seguían, experimenté todas las emociones posibles que un ser humano pudiese sentir en la vida, desde la alegría hasta el miedo y desde la paz hasta la ira; las voces no paraban, quería arrancarme el cabello y las orejas, me tumbé al piso porque no soportaba este estruendo tan penetrante, comencé a sangrar por la nariz y la visión se iba nublando poco a poco, me agarré y me sostuve de una de las repisas, cuando por fin pude ponerme de pie, en lo ya poco que veía, me percaté que algo se aproximaba y quedé completamente petrificado, sólo sentí como una mano huesuda me tomaba por el cuello y poco a poco apretujaba más y más hasta ir perdiendo el poco oxígeno que me restaba, lo último que recuerdo, es que vi mi corazón latiendo y ensangrentado fuera de mi cuerpo.
El tiempo ha pasado ya, desde aquel día, y ahora como todos los demás, estaré esperando ver como se agranda más y más esta familia, esta familia de muñecas, porque ahora soy parte de una de ellas…la familia de muñecas.
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