La tiniebla

Cómo todas las noches regresaba de la oficina, cansado y muy hambriento. Preparé algo de cenar y posterior a ello, tomé una ducha. Cómo es costumbre mía, tardo unos minutos más en el baño, ya que me gusta que todo esté impecable con respecto a mi imagen personal. 

Al salir de aquella pieza, noto que  el apartamento estaba oscuro en su totalidad y es claro que así no lo había dejado. Escuché algunos murmullos dentro del mismo, me alarmó en demasía. Un espectro pequeño cruzó raudamente la sala con un sonido agudo feroz. 


Era un gato, un felino de ojos amarillos brillosos, habia entrado de alguna forma inexplicable a explorar el apartamento. Pudiese ser de algún vecino aunque hasta ese momento no había notado si en los apartamentos contiguos tenían mascotas . Traté de acercarme, pero el animal arrinconado en una esquina no parecía familiarizado a la compañía humana o puede que el susto de mi presencia lo haya alarmado y fastidiado al punto de erizar sus pelos de hermoso color negro ceniza y gruñir azorado. De un momento, desapareció en rápido giro hacia la estantería de los libros y luego hacia la ventana por donde aparentemente habría ingresado. Me quedé reflexionando al respecto, no recordaba haber dejado la ventana abierta ni las luces apagadas. 


Minutos más tarde, ya acostado en la cama,  me quedé pensando sobre lo que había sucedido con respecto al gato. Es totalmente extraño pensé, en fin. Intenté cerrar mis ojos un momento porque había sido un día muy agotador. Cuando volví a abrirlos, noté que toda la habitación estaba a oscuras, un olor pestilente inundaba todo el apartamento y por si eso no fuera poco, una espesa neblina al nivel de los pies, estaba por todas partes. Caminé unos metros a la distancia de mi cama, pero sentía mis pasos muy lentos y pesados, sentí una ansiedad abrumadora que me hacía sentir un infierno de hielo por todo mi cuerpo, la visión cada vez se nublaba más y más, cuando intenté dar el siguiente paso, repentinamente salió de esa nebulosa neblina una mano casi huesuda que me retenía, retenía mi pie, el corazón se me paraliza. 


Desperté. Fue un sueño, pensé aliviado. Pero sentía el cuerpo frío y pesado y al verme los pies tuve la impresión de haber caminado en algún lodazal. Eran las 3:30 am. El gato, la oscuridad, la niebla.  Recordé las últimas palabras de Micaela antes del  accidente, aquel viaje que debió ser de ambos pero que por la exigencia del trabajo quise posponer, lo que originó su decisión de adelantarlo. Era su forma de protestar, desquiciándome con su inesperada partida.  -Cuida del gato- y se fue y no regresó nunca más. No supe qué le pasó al gato. Simplemente un día también desapareció. Quizá fue a buscarla.  No nos llevábamos muy bien. Los días posteriores a la partida de Mica solo se dedicó a maullar de forma lastimera y no se puede acusarme de haberlo mal atendido. 


Me aconsejaron  que dejara el apartamento, que unas vacaciones serian lo mejor para recuperarme de la pérdida. No lo considere necesario, la muerte es tan natural como respirar, ¿porque añoraremos una absurda eternidad? . Mica creía lo contrario, su crianza católica estaba demasiado arraigada en ella como para permitirse un modo distinto de pensar. 


La muerte, la vida. ¿Qué hay en el medio?. En ese trance de instantes en que abandonas la sensación corpórea, la consciencia de su último respiro. Siempre me ha inquietado. 

Estaba profusamente dedicado al trabajo, esa investigación me tenia demasiado absorto. Hasta los acontecimientos recientes habia olvidado por completo la fecha de nuestro aniversario. 

Ordené todo de forma impecable. Se que esta vez no sería un sueño. Absurdo, todo fue tan absurdo. Pelearnos por un gato, un estúpido gato , quise detenerla. Fue un accidente. Solo ella y  yo lo sabemos. Nunca entendió lo importante de esa investigación pero al final formó parte crucial de las respuestas que necesitaba. De pronto, otra vez esa neblina, otra vez esa pestilencia… y el gato . Lo ví claramente, es ese gato. Solo él lo sabía todo… No no fue un sueño, esta vez la neblina no se iría nunca más, sería una cortina eterna entre el lugar donde estábamos y el exterior al cual no regresaría y desde el cual nos espectaba ese animal. Esta vez la tiniebla se hacía cada vez más fría , cada vez pesaba más en mi sangre, yo estoy vivo aún- pensé- pero luego  sentí un abrazo feroz y alcance a ver sus dedos huesudos…-Nos iremos de viaje- me dijo. -a la  tiniebla-. Finalizó.


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