EL CULTO II (La Revelación)
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La escotilla llevaba a un largo pasillo en el cual apenas había iluminación. Unos cuantos candelabros sobre el piso iluminaban el lúgubre camino. Tras unos cuantos pasos, me di cuenta que el pasillo estaba lleno de muchas pequeñas celdas. Tomé uno de los candelabros, caminé y vi que las celdas se encontraban muy deterioradas, oxidadas y con un intenso olor a humedad.
Mientras proseguía con la búsqueda de una salida, iba observando superficialmente cada una de aquellas viejas estructuras de metal. Dentro de algunas habían pequeñas cajas de madera, es claro que no me atrevía a registrar el contenido de esas cajas.
Seguía mi camino y en otras celdas, pequeñas muñecas antiguas sin ojos, adornaban las paredes. Aparentemente casi al final del pasillo, en las dos últimas celdas se veían restos óseos ya que después se veía el inicio de una escalera de madera que al parecer llevaba a un piso superior. En la última celda de la derecha; huesos y esqueletos de animales estaban esparcidos por todo ese ambiente. Di un paso atrás y proseguí con la otra celda de la izquierda y la imagen fue la más horripilante que había visto en toda mi vida.
Cuerpos mutilados, decapitados, extremidades humanas colgadas en arnés de carnicero y si eso no fuera poco, recipientes de vidrio con órganos humanos (pulmones, corazón, intestinos, etc.) sumergidos en líquido verdoso. Si tal escena no es lo suficientemente repulsiva; el cuerpo de una mujer completamente desnuda dentro de una bolsa de plástico transparente yacía en una esquina de la pequeña habitación, era evidente que estaba muerta.
Mi respiración comenzó a entre cortarse, la ansiedad y el miedo me tenían congelada y no podía dar un paso más. Quería desvanecerme en ese preciso momento, sólo de imaginar el sufrimiento de esas personas, los gritos y las súplicas por su vida, me hacía sentir culpable solo por el hecho de seguir con vida hasta ese momento claro.
Salí de esa celda y tenía unas inmensas ganas de gritar pero no podía y sólo logré llorar y llorar en silencio hasta más no poder. En lo que pude comencé a caminar por las escaleras de madera y nuevamente con mi respiración se aceleraba, escalón por escalón al subir.
Cuando llegué al siguiente nivel lo primero que visualicé fue un altar, muy bien decorado, totalmente recubierto de mármol negro; en las esquinas 4 columnas de estilo gótico, dos en cada lado del área que conformaba el altar. En el centro una bandera rectangular en posición vertical con un símbolo, el cual era desconocido para mi, era como una especie de triángulo invertido con una media luna en la parte superior derecha.
A lo largo del gran salón había una alfombra larga de color rojo que iniciaba donde yo estaba parada y culminaba en el gran altar. A los extremos de la alfombra, dos hileras de bancas de madera de un estilo muy antiguo, de hecho cualquiera que estuviera en mi lugar diría que es el ambiente de un típica misa cristiana.
Sin embargo con ayuda del candelabro fue inspeccionando dicho recinto. En el lado izquierdo del salón habían recuadros decorados en pan de oro con imágenes de personas siendo decapitadas, otras en la hoguera o niños danzando alrededor de un cuerpo mutilado. Mientras en el lado derecho, había una estatua de Jesús, en posición invertida. El techo estaba decorado con acabados de madera tallada y al parecer habían colocado piedras preciosas incrustadas simétricamente en cada borde del techo. Era un ambiente lúgubre pero mucho lujo!
Caminé hasta el altar y noté que se encontraba un libro de color morado sobre este, calculando por el grosor que tenía, entre 300 y 400 páginas podría tener dicho libro. Quise dar un vistazo y abrí el libro, me detuve a leer la primera página del libro, el cual decía lo siguiente:
"Para todos aquellos ángeles caídos, éste sagrado libro es su camino a la redención y libertad. Vuestra seguridad nos ilumina para mantener viva las llamas de la rebeldía; de aniquilar a cualquiera que intente profanar nuestra hermandad. Oh todo poderoso Gran Ángel Caído, te seguimos a través de tus enseñanzas, oh tú, dador de vida y muerte, fieles a ti y a tu misión"
Seguía dándole un vistazo a otras páginas del libro y me daba cuenta lo maléfico que resultaba ser sus líneas; ritos, maleficios, sacrificios..todo un manual a detalle de horrendas escenas para poner en práctica; en ese instante escuché una voz que dijo: "al fin estás en casa, hija mía" giré mi cabeza y miré a un hombre de unos 180 cm aproximadamente, vestido con pantalón y camisa negra, llevaba puesto encima un abrigo de color negro que le llegaba a la altura de los tobillos. Tenía puesto una especie de amuleto antiguo que colgaba de un collar aparentemente de oro.
Le dije: ¿Quién es usted? ¿Por qué me llama hija?
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