El Bosque

 La neblina era densa, no podía mirar lo que estaba delante de mi, sólo escuchaba el frío penetrante de la noche, una noche de invierno...Sólo recuerdo que estaba conduciendo por la autopista cuando de repente apareció delante mío, una niña que llevaba puesto un vestido blanco.

Frené todo lo que pude pero desafortunadamente impacté con el árbol y perdí el conocimiento; minutos después, desperté y me levanté como pude me mantuve en pie con la finalidad de no perder el equilibrio. 

Tomé el teléfono para comunicarme con el número de emergencia. Sin embargo mi teléfono estaba fuera de cobertura. 

Caminé un par de metros para intentar coger algo de señal y así puedan ayudarme, en eso una densa y penetrante neblina terminó por rodearme e inmediatamente ya no podía observar nada en lo absoluto. El frío era muy penetrante y sentía como toda mi piel se escarapelaba; caminé y caminé para regresar al auto, pero todo esfuerzo fue en vano. 

A lo lejos visualicé una luz muy tenue, me acerqué pensando que alguien o al menos algo que me pueda ayudar a salir de este infierno gélido.

Esa luz provenía del pórtico de una cabaña, toque la puerta varias veces y no conseguí ninguna respuesta. 

El frío seguía aumentando, mis manos y mis pies comenzaron a entumecerse, fue tanta la desesperación y el instinto de supervivencia que entré a la fuerza a esta cabaña. Pareciera que alguien viviera ahí, estaba toso amueblado y la chimenea encendida; me acerqué y comencé a tomar calor. 

Intenté probar mi teléfono pero este seguía sin cobertura, pensé que debería quedarme ahí dentro por un rato más, puesto que afuera se vería oscuro y frío. 

Minutos después escuché unos fuertes gritos, gritos de dolor que retumbaban toda la casa. Estos gritos provenían del segundo piso. Subí cuidadosamente por las escaleras y al llegar, habían 3 habitaciones; todas con las puertas cerradas. Cuando de repente una de esas puertas se abrió y alguien salía de esa habitación. Era la misma niña de vestido blanco que vi en la autopista. Mi cuerpo estaba completamente petrificado y lentamente me desvanecí y caí por las escaleras. 

Cuando desperté estaba sentado en mi auto, detenido a un lado de la autopista. En eso observé por el retrovisor y vi sentada a esa niña en el asiento trasero, con una sonrisa maquiavélica y un cuchillo en la mano. 

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